CONTABILIDAD ESCRITA CON TIZA

Entrevista realizada por la Dra. Claudia Arias para el Linker de la empresa Ilimitada S.A. marzo de 2012

 

La carrera de Javier E. García, fundador de la empresa de asesoría Línea Contable, permite darle una mirada a la evolución de la profesión del contador público en Colombia.

“El saber no debe ser motivo de comercio, soy de los que piensan que uno debería pagar por dar una conferencia, pues es más lo que uno aprende que lo que enseña”. Así piensa Javier Ernesto García Restrepo, contador profesional desde hace casi 30 años, pero en ejercicio por cuatro décadas, pues empezó a trabajar como tal antes de graduarse de la Universidad de Antioquia en 1983.
Sus historias, sus gestos, su orgullo bien puesto, hablan del desarrollo de una vida profesional plena y exitosa, en especial con el racero que él mismo tiene para medir el éxito en función del aporte a la sociedad. García, a quien le tocó el paso de los contadores autorizados a los titulados, recuerda que quien no tuviera paciencia y buena letra no podía desempeñarse en este cargo: “Me tocaron unos libros grandísimos en los que había que asentar todo con gran precisión”, anota.
De sus primeros años como contador, recuerda que los profesores que tuvo en la U. de A. estaban todos recién egresados, pues la carrera era muy nueva, así que tenían el título y el conocimiento, pero no la experiencia, que en su caso aprendió de los contadores autorizados, que ejercían como tales sin título profesional. Uno de los personajes que más recuerda es un holandés que trabajaba en una de las empresas por las cuales pasó, quien sabía mucho de cuentas de orden, cuando en Colombia casi ni se hablaba del tema; de él aprendió mucho, y de esta experiencia nacieron sus dos primeros libros: Cuentas de orden fiscal y Cuentas de orden. Hacia la revelación y el control.
Fueron tiempos de cambios y en los que no existía normatividad colombiana, así que se guiaban por la mexicana o la americana, hasta cuando aparece el decreto 2160 de 1986, que durante la presidencia de Belisario Betancur, regula el ejercicio de la profesión en Colombia. “Era la primera vez que teníamos algo que nos guiara”, recuerda Javier, y agrega que luego llegaría el decreto 2649 de 1993 para remplazar el anterior.
Fueron precisamente estos “vacíos” teóricos los que motivaron a este estudioso a escribir sus libros, el primero sobre cuentas de orden, fue para encontrar el camino de cómo hacerlo él mismo, mientras se desempeñaba como contador en Geominas. Con cada libro fue viendo que los profesionales de su ramo sacaban gran provecho, y ni qué decir los estudiantes, a quienes incluso autoriza para fotocopiarlos, pues aunque trata de que el precio de los mismos no se suba, muchos no alcanzan a comprarlo y él lo que quiere es que la gente aprenda.

Cambia, todo cambia
Con su mirada crítica, Javier García hace un balance de lo que ha cambiado para bien y lo que ha cambiado para mal en la contaduría, que si bien es su carrera y le ha dado gran reconocimiento, “no es de lo que más he vivido, pues mi asesorías ha estado más por el lado de lo tributario”, cuenta. Dice que sin duda la sistematización ha sido una gran herramienta, pero también ha creado malos hábitos en algunos contadores, que a la hora de sacar un reporte ya ni revisan, sino que entran los datos necesarios y después imprimen sin más.
Además de lo anterior, en su labor como maestro que ya llega a dos décadas, ha notado una pérdida de la capacidad reflexiva de los estudiantes, quienes sacan la calculadora hasta para la operación más simple, “el resultado es el que la calculadora indique, ni siquiera intentan calcularlo”, anota. En ese contexto, un contador podrá sobresalir hoy, si tiene la capacidad de leer y auto cuestionarse, de no tragar entero, de pensar que tiene muchos derechos, pero también muchos deberes.
Sin duda, uno de los retos más grandes será el de la implementación de las normas internacionales NIIF, “y estamos cerca de que el decreto se cumpla, pero lejos de hacerlo cumplir”, reflexiona, pues cree que en el campo académico falta mucho para enfrentar este reto y que las universidades en lugar de adaptar los pensum para que los estudiantes salgan preparados, optan por hacer diplomados sobre el tema. En suma, cree que este asunto se está enfrentando como algo comercial, cuando es una prioridad.
En contraposición a esta visión académica mercantilista, él sigue produciendo información gratuita o a bajo costo para que cada vez más personas se formen, por eso en su página web cuenta con completos documentos y circulares informativas a las cuales puede acceder cualquier persona. Cuando se pensione a final de año, lo cual en ningún momento implica dejar de trabajar, se enfocará en crear una escuela de escritores sobre la materia, con la idea de que al menos un profesional tome la batuta de la producción de textos, para que no se pierda el impulso.
Y es que en su concepto “el contador debe insistir, persistir y nunca desistir”, lo cual ha sido una práctica cotidiana a lo largo de su vida profesional, que hoy le permite mirar atrás y ver claramente su legado, y mirar al futuro para seguir construyéndolo.